La absurdez permanente del Falcon


William Smith fue Falconetti en la serie Hombre Rico, Hombre Pobre. Muchos de los que superamos los 50 años sabemos de quién hablamos. Porque Falconetti fue el malo televisivo más malo de todos los malos, más que el mítico JR o la perversa Ángela Channing, que ya es decir. De hecho, incluso se llegó a popularizar la expresión "ser un Falconetti" para aquellas personas perversas, de la misma manera que se decía que eran unos Fittipaldis aquellos que conducían muy rápido. Pues bien, el término Falconetti resurge ahora en estos intrigantes años 20 del siglo XXI en el que desayunamos, comemos y cenamos con unas dosis de cinismo realmente preocupantes. Los Falconetti de nuestros tiempos son esos personajes públicos españoles que ven perverso cualquier uso del avión presidencial cuando no gobierna su partido y se «olvidan» de que los presidentes de su parroquia ideológica hacían exactamente lo mismo: viajar donde les dice su equipo de seguridad que deben viajar.

El Falcon del Ejército del Aire a disposición del presidente del Gobierno, al igual que los helicópteros Súper Puma, es el medio de transporte oficial que usa el inquilino de la Moncloa, sea del partido que sea, por estrictas medidas de seguridad. Los Falconetti quieren que el resto traguemos con sus infantiles argumentos de que el presidente de España malgasta a destajo cada vez que se monta en el Falcon, obviando que lo primero es la seguridad y que el titular de un Gobierno europeo no puede viajar en vuelos regulares con el riesgo que eso conlleva. Por eso es absurdo armarla cada vez que Pedro Sánchez se monta en el Falcon 900, aunque sea para irse de vacaciones a Lanzarote, porque de malos usos del avioncito deberían estar todos muy callados. A continuación, dos antiguos ejemplos cruzados de esta absurdez permanente y ese calculado contamina que algo queda que resurge cuando se acercan nuevas elecciones:

 


Comentarios

  1. Toda la razón y mira que cansa el recurso facilón del Falcon. Del avioncito presidencial no leemos absolutamente nada cuando lo usa a su antojo un presidente del PP, sea yendo a mítines o a celebraciones populares.

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