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jueves, 8 de junio de 2006

Blasfemia

Leo en El Mundo que la embajada de España en Portugal y la Secretaría de Cooperación Internacional patrocinan en Lisboa la polémica obra teatral Me cago en Dios, que estará en cartel hasta el próximo 2 de julio en el Teatro da Comuna. Muy desacertado que instituciones públicas patrocinen algo así con el dinero de todos los españoles. El dibujo del propio cartel es ofensivo para millones de personas, una blasfemia con estética aberrante en la que se ven símbolos religiosos arrojados a la taza de un váter...

Cuando estalló el caso Mahoma aquí ya se dijo: Libertad de expresión no es una libertad para herir sensibilidades. Tampoco para insultar. Todo lo contrario. Es una libertad y un derecho a manifestar libre y públicamente, por cualquier medio, una opinión, un pensamiento o proponer una acción. Pero siempre desde un respeto, porque la libertad de uno termina justo cuando empieza la del otro.

Aplicando lo que dice el cartel, tengo claro que financiar con dinero público semejante obra teatral ha sido una gran cagada.

ABC :: Malestar en la colonia española en Lisboa por el estreno de la obra de Ramírez de Haro

7 comentarios :

ártabro dijo...

Nacho: Podrías decir en que lugar de El Mundo aparece esa noticia, por mucho que busco a traves del enlace que dejas, no encuentro la tal noticia.
Un saludo.

Nacho de la Fuente dijo...

Ártabro, la noticia se publicó en El Mundo el martes 6 de junio en la página 63 de Cultura. Su link está en la hemeroteca de elmundo.es, aunque no se puede acceder libremente porque es de pago. Añado una nota publicada por ABC. Saludos.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, Nacho. El problema es que los religiosos practicantes suelen tener una noción más limitada de la libertad propia y ajena que las personas no religiosas. Entonces, surge la discrepancia.

Por ejemplo, yo, que no soy creyente ni practicante, también podría sentirme insultado por una Iglesia que me considera un pobre pecador aspirante al Infierno y, sin embargo, respeto que opine y haga lo que le plazca. (Y menos mal que no soy mujer ni homosexual, pues tendría más motivos para cabrearme).

Y con la misma lógica que planteas, también puedo pedir yo que no pretendan imponerme sus dogmas en la educación, sanidad y servicios públicos, porque invadirían los límites de mi libertad. ¿No?

ártabro dijo...

Después de leer la reseña de ABC, se observa que el extracto dejado por Nacho en esta bitácora, dice lo que dice, pero me parece muy cogido por los pelos, qué instituciones públicas españolas ayuden con mil euros a todo un programa de actos, no se puede reducir a esta noticia que, me atrevo a calificar de tendenciosa, no por Nacho, sino por El Mundo.

Panochete dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Panochete dijo...

...alehop! ...otra cagada mas de los mismos!! cuantas más tendremos que soportar??... in-dig-nan-te!!

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en que me parece desacertado el patrocinio a semejantes obras que pueden herir las sensibilidades de un gran número de personas. Pero si el problema es el patrocinio, este caso es una gota de agua comparado con el mar de dinero y apoyo que recibe la Iglesia católica de las instituciones públicas. En un país aconfesional, la posición de la Iglesia, que controla medios de comunicación con subvenciones públicas, colegios financiados por el Estado, gran parte del patrimonio artístico español que también recibe subvenciones, etc. es cuando menos insostenible.