A gritar al Parlamento

Vivimos tiempos en los que no se respetan ni los parlamentos, que se han convertido en revoltosos patios de colegio con niños mayores de 40 años. Estos espacios se idearon para que los políticos practicasen el derecho a parlamentar [«Hablar o conversar para llegar a un acuerdo o solución»] con respeto entre Gobierno y oposición. Pero nada de eso, que no interesa. Asistimos día sí día también a pataletas parlamentarias que derivan en gritos, insultos, broncas, pancartismo, ausencias calculadas y mucha mala leche. Todo para copar titulares y telediarios. Y de paso, sumar palmaditas de los compis.

Los señores políticos malgastan su tiempo en agitar al contrario en lugar de remangarse para resolver los problemas de la ciudadanía. Y así nos [les] va. Ayer contemplamos en el Parlamento gallego y en el Congreso de los Diputados dos formas barriobajeras de hacer política. A golpe de excesos y defectos. Dos escenarios en los que si se hubiese ido la luz desayunaríamos hoy mucho más tranquilos.

Comentarios

  1. Siento verguenza ajena cada vez que pongo el telediario. La mala sangre del PP supera todo lo imaginable y la ceguera del PSOE es de juzgado de guardia.

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