AÑO VI

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domingo, 16 de enero de 2005

Bullicio mediático

Hace siete años que Ramón Sampedro (Xuño, A Coruña, 1943) decidió acabar con su vida. Fue el 12 de enero de 1998, tras permanecer treinta años postrado en una cama con parálisis total de cuello para abajo. La causa fue una lesión irreparable al tirarse al mar desde unas rocas. Su caso dio la vuelta al mundo, revolucionó la polémica sobre la eutanasia y dio origen a la estupenda película Mar Adentro, de Alejandro Amenábar, que aspira a conquistar un Oscar. Hace siete años Sampedro tomó una dura, pero libre, decisión. Y fue suya, de nadie más. En su testamento escribió: «Pienso que vivir es un derecho, no una obligación. Y yo he sido obligado». Y añade: «quiero poner fin a todo esto de la forma que considero más digna, humana y racional».

Su muerte es para unos una aberración, y para otros una forma de terminar con su vida con dignidad. Bendita libertad de opinión. Lo que no tiene sentido es que ahora se retome su triste historia y se airee constantemente en programas televisivos. Y todo por meter más morbo en una noticia ya muy desgastada. Esté donde esté, es muy probable que a Ramón no le guste el bullicio mediático actual ni los duros enfrentamientos entre los que le cuidaron en vida. Equivocado o no, buscaba su ilusión: salir de sus sueños para poder caminar y abrazar. Sólo eso. Es bueno que sigamos pensando en él, pero sin hacer tanto ruido. Dejémosle descansar.

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Me parece fatal que a este pobre hombre no se le deje en paz y se le acuse a Ramona Maneiro de ser una asesina. Ella hizo lo que Ramón le dijo. Y fue en un acto de amor y lealtad.

María Carlenn. Madrid

Anónimo dijo...

Admiro a este hombre por la valentía que tuvo en vida y espero que alí donde esté pueda sentir bajos sus pies el agua y la arena del atlántico

Arantxa

Anónimo dijo...

yo pienso que tenia derecho a hacer con su vida lo que quisiera pero no estoy deacuerdo con lo que hizo,y muho menos con odo lo que ultimamente se ha montado a su alrededor deberian dejarlo descansar en paz de una vez.