AÑO VI

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Una víctima de abusos sexuales en su
infancia apoya la Cibercampaña 2010

Un comentario muy especial a este blog se transforma en un post obligatorio de leer. Selfesteem me escribe para apoyar la III Cibercampaña 2010 contra la Pornografía Infantil --que se celebra el próximo sábado-- y sus palabras toman inmensa fuerza cuando nos cuenta que él fue un niño maltratado y víctima de abusos sexuales. Le cedo la palabra:

«Hoy, vengo aquí a hablar desde el conocimiento personal sobre este veneno social, y a apoyar fuertemente causas como la presente, y su trasfondo. En el pasado fui un niño maltratado, y en el presente me cuesta tener y desarrollar una vida "normal" --dentro siempre de lo más básico y simple-- debido a las secuelas que con el tiempo se convirtieron en hábitos destructivos para mi vida, y que lucho por eliminar/cambiar/mejorar en mi día a día. Por desgracia, hay muchos como yo que pueden atestiguar lo mismo, pero no nos rendiremos, porque tenemos derecho a una vida "digna", y que con esfuerzo doy fe de que la podemos recuperar --aunque es necesaria mucha perseverancia y fortaleza, porque sin amor propio, esto es muy difícil-- sin importar el tiempo más que la meta.

No me avergüenza contar algo tan intimo porque doy por hecho que cada historia y cada experiencia, es una valiosa lección para quien quiera aprender de ella. Autocriticarme y aceptarme como soy en lugar de ignorarlo o tratar de disfrazarlo, fue la clave para entender, afrontar, y tener alguna opción de luchar y vencer estas contradicciones que limitan una vida como la mía. Y para alcanzar la felicidad, cosa que desconocía hasta hace poco. Desde mi humilde opinión pienso que este ejemplo de superación y esfuerzo, es el que demuestra que mirarnos y mejorarnos a nosotros mismos, es la clave para poder mejorar el mundo, aunque sea muy lentamente.

Contar una historia como esta es necesario para entender el punto de vista de una víctima de maltrato y abusos en el presente, porque el silencio no aporta nada. Saber y conocer por propia experiencia la destrucción que crea el maltrato y abuso infantil y sus secuelas, a las víctimas, a su familia, a su vida social, laboral y emocional, te hace sentir obligado a contar pequeñas pero no insignificantes historias como esta. De la moralidad de cada uno dependerá dar su importancia a esta historia/experiencia, pero no comprenderla o valorarla no hará que carezca de la misma...

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