AÑO VI

jueves, 30 de septiembre de 2010

La coherencia en huelga

Escribe Teodoro León Gross:
«El Gobierno se muestra crítico con la huelga pero evita mostrarse crítico con los sindicatos. Los sindicatos hacen huelga contra el Gobierno pero evitan cargar la huelga contra el Gobierno. El PP no quiere el desgaste de la huelga general, pero quiere el desgaste del Gobierno como sea. La patronal discrepa de los sindicatos y discrepa del Gobierno también. Los 'intelectuales de manifiesto' apoyan la huelga y apoyan al Gobierno. La Iglesia apoya la huelga pero no apoya a los huelguistas. Los votantes de la derecha querrían el fracaso de la huelga y el fracaso del Gobierno. Los votantes de la izquierda querrían el éxito de la huelga y el éxito del Gobierno. Todo es una impostura magnífica a gusto de todos, con la tranquilidad de saber que a nadie se le examinará de coherencia.

No es raro, así pues, que los piquetes coactivos sean llamados amablemente piquetes informativos. O que los servicios mínimos alcancen sus máximos. O que la rebelión se regule por consenso. O que los coaccionadores presuman de liberados. En definitiva, esta huelga ni siquiera es una huelga. No se trata ya de aquellas huelgas generales que han dejado una fecha legendaria en la letra pequeña de la Historia por quebrar mesianismos, como el 14-D contra Felipe o el 20-J con un jaque a Aznar hasta enrocarlo. Esta huelga, de hecho, no es la huelga del día 29-S sino la HV12, la Huelga del Verano 2012, otra forma de protesta consistente en estar tres meses en los medios. De haber querido batirse contra las reformas, habría sido convocada de inmediato. Pero los sindicatos no trataban de rectificar la política del Gobierno, sino rectificar su imagen de comparsas con este Gobierno para el que han actuado como una Secretaría de Estado. De ahí la estrategia de tres meses dando guerra en el machito de las portadas.

La huelga es el último capítulo, el clímax, de una larga parodia: el Gobierno aprobó unas medidas que aseguró que nunca tomaría; la oposición se rebeló contra unas medidas que básicamente siempre había defendido; los sindicatos se levantaron para reclamar un modelo que ya alcanzaba cuatro millones de parados; la patronal hacía el Don Tancredo como su presidente. Realmente todo parece una astracanada... [+] Las Provincias

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