AÑO VI

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jueves, 15 de julio de 2010

David Simon: «La gente que lleva los
periódicos ya no respeta su propio producto»

Escribe Pedro de Alzaga esta interesante entrevista:
«David Simon (Washington DC, EEUU, 1960) habla sobre periodismo con el cariño, la vehemencia y la claridad de quien ama profundamente esta profesión. De quien nunca ha dejado de sentirse como aquel reportero que durante años pateó las comisarías de Baltimore (Maryland, EEUU) en busca de historias que alguien siempre prefería mantener ocultas. Curiosamente, su relato más famoso de la realidad lo hizo desde la ficción, años después de dejar el diario The Baltimore Sun. La serie de televisión The Wire (HBO), de la que es creador, guionista y productor, alcanzó el reconocimiento mundial por contar una historia local de corrupción, drogas y periodismo en la que subyacen elementos tan intemporales como universales. Pero su paso por la televisión no le ha hecho olvidar la prensa. En su artículo Construyan el muro, Simon hace un llamamiento desesperado a los principales editores de Estados Unidos para que empiecen a cobrar por sus periódicos en la red, como único medio de salvar las redacciones. Y habla sobre la industria de la información sin sentimentalismos, sin concesiones al drama y sin miedo, como quien escribe una buena crónica de sucesos en la que la víctima no son los periodistas sino el periodismo.

A usted le gusta decir que ‘The Wire’ se parece a una tragedia griega. ¿A qué se parece la crisis de los periódicos?

[Risas] La idea de tragedia griega podría extenderse también a los periódicos. Los dioses malévolos podrían ser Wall Street o los inversores de capital. En mi país, y creo que es así en todo el mundo, los periódicos empezaron a destriparse mucho antes de que apareciera Internet. Yo dejé The Baltimore Sun con otros reporteros en la tercera ronda de recortes de este periódico, en 1995, antes de que la Red supusiera una amenaza. A alguien en Wall Street se le ocurrió que podía hacerse más dinero publicando periódicos malos que publicando periódicos buenos, así que recortaron costes, redujeron la redacción y cubrieron menos asuntos para tener más beneficios. E hicieron esto en casi todos los periódicos del país, salvo tal vez en The New York Times y en The Washington Post. Cuando llegó la Red, los periódicos estaban tan destripados que no pudieron ni protestar y empezaron a regalar su producto, lo que supuso un error terrible. En una tragedia griega, el fallo suele residir en el protagonista, quien acarrea un defecto inherente exacerbado por los sucesos o por los dioses. Creo que esto bien vale para los periódicos y no es una mala analogía la que usted sugiere.

¿Por qué cree que su artículo ‘Build the wall’ levantó tantas críticas en Internet?

Porque muchos viven en la falsa ilusión de que pueden reemplazar el periodismo. Y es muy arriesgado creerse que el periodismo amateur es mejor que el que hacen los profesionales. Creo que están muy involucrados emocionalmente en la idea de hacer el trabajo de los periodistas. Y es gracioso, porque cuando expresan su enfado suelen acabar con un “Usted no sabe de Internet”. Y mi respuesta suele ser: “Usted no sabe de periodismo”. El periodismo, cuando se practica adecuadamente, es un acto increíblemente delicado, ético y exigente de tiempo que requiere conocer un asunto, mantener las fuentes, saber qué usar y qué no usar de estas fuentes, volver cada día para saber qué es nuevo y relevante en la institución que estás cubriendo y escribir de un modo sofisticado que a la larga desvele cosas complicadas sobre esa institución. Es algo que no puede hacerse desde el cuarto de estar, sino desde la calle y con llamadas telefónicas. La mejor gente que he conocido lo hacía, y cubría las instituciones durante ocho, nueve o diez años. En los periódicos de hoy en día, los reporteros con 10, 15 o 20 años de experiencia se han ido y no confío en que vayamos a descubrir lo que deberíamos descubrir en el ayuntamiento, en el departamento de policía o en el sistema escolar porque el reportero de 24 años que lo cubre lleva sólo seis meses. La industria de los periódicos se ha despreciado a sí misma y a su producto, e Internet ha reconocido ese desprecio y lo ha duplicado»...
[+] La palabra escrita

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