AÑO VI

sábado, 26 de diciembre de 2009

Cuando la calle te desprecia

Un experimento social para reflexionar. Escribe Paulo Coelho:
«En una fría mañana de enero, un hombre se apostó en la entrada de una estación del metro de Washington y se puso a tocar el violín. Durante 45 minutos, los que pasaban escucharon pasajes de las seis piezas de J. S. Bach que fueron ejecutadas [...] Durante los 45 minutos que estuvo tocando, el violinista consiguió 32 dólares y tuvo seis espectadores. Al final no hubo aplausos ni nadie que pidiese un bis [...] El violinista se llama Joshua Bell y el experimento fue completamente filmado por el periódico The Washington Post. Dos días antes del experimento del metro, Bell había llenado un teatro de Boston con espectadores que, como mínimo, pagaron 100 dólares por verlo. Tanto en el teatro de Boston como en la estación de metro, el músico empleó un Stradivarius, un violín valorado en 3,5 millones de dólares. Las piezas interpretadas se consideran las más difíciles de Bach para tal instrumento. Cuando el periodista le preguntó lo que había sentido, Bell no escondió su decepción: las personas eran incapaces de reconocer la belleza si no se encontraban dentro de los parámetros considerados normales para poder apreciar una obra de arte»... [+] XLSemanal


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5 comentarios :

Rancilio dijo...

Al experimento le faltó probar lo mismo en un sitio más tranquilo como una plaza concurrida. Quizás el resultado fuese otro.

Pilar - Lechuza dijo...

Creo que cualquier expresión artística, fuera de su contexto habitual, hace que lo miremos de otra manera y sea infravalorado. Un cuadro de Velázquez, colocado en una plaza cualquiera, no sería admirado igual que si lo vemos en un museo.

meritxein dijo...

exacto, en un sitio en el que la gente va sin prisa, sin horarios....

Leo dijo...

20 minutos tomó el testigo de The Washington Post he hizo esto mismo con Ara Malikian, primer violín del Teatro Real y un auténtico virtuoso, en el metro de Madrid. Puedes ver el resumen aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=MhS57wqID7Q

Vexx dijo...

Pues yo pienso más que el tema, es que la gente no tiene ni tiempo ni lleva dinero en efectivo en estas fechas..

La gente usa la calle/metro de paso. Salvo que haya un evento específico, la gente no se para.

Además, dudo si quiera que la gente lo escuchase.. Del mismo modo que procuramos no escuchar otras manifestaciones sonoras o visuales y del mismo modo que ignoramos la publicidad..

Sin embargo, si nos quedamos con publicidad innovadora/espectacular. Si hubiese sido algo más espectacular, más que un simple músico tocando, por muy bueno que sea, más gente se habría parado.

Además, la mayoría de la gente no aprecia ese tipo de música. Y estoy seguro que el perfil/tipo de gente que paga 100$ por ir a verle no suele ir en el metro si no en taxi.

Tal vez la culpa la tenga él de no acercar su música/obras a todos los bolsillos..

El otro día vi a un violinista en la calle tocando.. Con toda probabilidad, no era famoso.. Tenía pinta de extranjero, pero tocaba de puta madre.. Muchísimo mejor que la mayoría de los que se ponen a tocar en calle..

Si tuviese dinero suficiente, le habría pagado para que viniese a tocar a mi casa por navidad a la familia..

Tampoco le di "propina" alguna, por que no uso dinero en efectivo. Siempre pago con tarjeta.

En cualquier caso, conseguir 32$ en 45 min es todo un logro.

Eso son 170$ trabajando sólo 4h al día. Ó 5100$ al mes..

No se puede quejar.. Por que ganando eso, se puede permitir una cómoda vida en una de las ciudades más caras... En Nueva York, Paris.. Se vive muy bien con eso.

El experimento sociológico me parece bien, pero este tópico que se sacan de la manga: " «todos los músicos del metro son unos fracasados que no consiguen ir más allá de un límite ínfimo de talento»" no me lo parece.

Dudo mucho que ninguna de las personas que pasó por allí pensase eso. Para empezar, por que tocar el violín bien es muy difícil.

Lo que si han podido pensar, es del violinista, son cosas que también se dan en la realidad, del tipo, ese violinista debe de ser un alcohólico y aunque toca de puta madre no es capaz de trabajar. O alguna cosa así.