AÑO VI

martes, 5 de mayo de 2009

¿Por qué narices caduca el mal?

Leo que el Tribunal Supremo ha absuelto a un octogenario al que la Audiencia de Salamanca impuso una pena de ocho años y medio de cárcel por abusar de su nieta durante al menos diez años, al declarar prescritos los delitos de abusos sexuales por los que el anciano fue condenado... El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) precisa en la cuarta acepción del término prescribir: «Concluir o extinguirse una carga, obligación o deuda por el transcurso de cierto tiempo» Y en la quinta: «Adquirir un derecho real por el transcurso del tiempo en las condiciones previstas por la ley».

No entiendo absolutamente nada de leyes, pero mi sentido común dispara alarmas y enciende luces rojas cada vez que un delito sonado se evapora por eso de que ha prescrito. ¿A santo de qué? ¿Por qué narices el mal caduca a los 10-15-20 años? ¿Quién lo ha establecido así? ¿Dónde venden ese medidor de hipocresía, esa salvaguarda de presuntos delincuentes y malnacidos? ¿Por qué razón gente como el megaestafador Pepe el del Banco Popular o este abuelete abusador de su propia nieta se van a la calle sin más? Si el daño hecho no caduca nunca, por qué el que lo realiza es liberado por el propio tiempo? Pero vamos a ver, ¿no era el tiempo el juez supremo que quita y da razones? Que alguien me explique todo esto. Porque demasiadas veces al año a uno se le queda cara de imbécil. Y eso arruga hasta el alma.
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3 comentarios :

Flashman dijo...

De acuerdo con el post. No se por qué los delitos de lesa humanidad no prescriben y éstos sí. ¿Acaso por que sólo sea una la afectada merece menos atención por parte de la justicia? Yo no veo justicia en ello.

Titajú dijo...

Pues porque estamos en España. Hay muchos países en los que ese tipo de delitos no prescriben.

Y sino, pregúntale a la buena señora que se cargó al tetrapléjico del que después hicieron la peli; confesó cuando había prescrito el crimen... para cobrar la exclusiva, supongo.
Y he dicho supongo.

peter pan dijo...

La justicia,nuestra justicia, nos guste o no, al igual que nuestra cultura, nuestra gastronomía y toda nuestra vida, lleva impreso el código genético del cristianismo y más concretamente del cristianismo católico.
Los conceptos de perdón y redención se imponen a los de esa "justicia divina" más propia de otras culturas.

Hay otro asunto que me subleva tanto como el que menciona Nacho y es el hecho de que estar borracho o drogado cuando se comete un delito supone un eximente. Si "premiamos" la borrachera y la drogadición, ¿cómo esperamos que el maltratador deje de beber, el borracho deje de conducir y el drogata de atracar?