AÑO VI

miércoles, 17 de septiembre de 2008

De aquellos excesos estos decesos...

...financieros, claro. La crisis es de alcance mundial y es tan profunda que viaja de un lado a otro del charco atlántico como buena economía sumergida que es. Está golpeando duramente en los Estados Unidos de América, el país del bienestar que está causando auténtico malestar terráqueo, pánico en el Primer Mundo. Como toda borrasca atlántica que se precie viene del oeste con rachas atemporaladas y puede visualizarse con semanas-días de antelación. Por mucho que nos digan los expertos que aquí no va a pasar nada, que el nuevo tsunami financiero norteamericano no entrará en aguas internacionales, un servidor acaba de asegurar que sus pequeños ahorros se alejen de aventuras financieras y se estanquen en territorio protegido.

Preocupa, y mucho, que la economía mundial se tambalee con tanta facilidad. Que el precio del petróleo suba y baje por inercias inexplicables al común de los mortales. Que decenas de multinacionales se mueran al primer estornudo de un sistema hinchado y plagado de burbujas financieras. Pompas de jabón, en definitiva, de un mundo obsesionado por los beneficios rápidos y las cuentas de resultados positivas. A toda costa. El mundo del dinero rápido, de las personas como simples números. De la deshumanización del trabajo y, por arrastre, de la familia. En definitiva, capitalismo puro y duro que está escupiendo sobre sus propios pies. En muchos casos, pies de barro.


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3 comentarios :

dani dijo...

Gran reflexión, sí señor! Y nunca mejor dicho: "Como toda borrasca atlántica que se precie viene del oeste con rachas atemporaladas y puede visualizarse con semanas-días de antelación".

Espero que los "escupitajos del capitalismo" nos pille confesados y la resaca nos deje, cuanto menos, respirar.

Iam dijo...

Nada más recomendable que un buen café para disipar la inquietante visión que algunos muestran del dulcísimo capitalismo que disfrutamos, y digo disfrutamos, porque muchas personas, entre las que yo me encuentro, nos sentimos muy bien en un ámbito donde la oportunidad y la libertad obligan a girar a una sociedad alrededor del esfuerzo personal de cada uno, y de ese esfuerzo uniforme y constante, la vida de la mayoría, a pesar de todo, no para nunca de avanzar de forma natural hacia la mejora. USA es la locomotora que felizmente tira cuando no sufre contratiempos, pero cuando no, como somos tan solventes, nos vemos también arrastrados por ella. El desliz más señalado de los yanquis es el haber alcanzado mayor nivel de vida que nadie en muy poco tiempo, y es el “ejemplo sangrante” que sirve para que a los demás nos la envainen alegremente y nos culpen de un desliz igual, es decir, incurrir en el pecado de comprar cuando en un momento señalado de nuestra historia económica la soberanía popular era real gracias al bajo precio del dinero. El bajo coste del dinero promovía que la mayoría de los currantes pudieran cambiar de estatus y hacerse con aquello que la mano inútil del estado nunca podrá ofrecer a la mayoría: un pisillo saludable, iniciar un pequeño negocio y dejar de ser un esclavo asalariado a destajo, un cochecito cercano al que suelen disfrutar los alegres gerifaltes de las tribus más “dabuten” del reino de la risa. Ahora se nos somete al rigor de la hoja de cálculo para señalarnos como estúpidos consumidores felices, responsables de la desgraciada situación actual, eludiendo en lo posible colgar la responsabilidad del fiasco al primor cerebral que rige nuestros destinos con la mente perdida en el limbo de la atrevida inacción de la ignorancia, vendiéndonos la política social como un despacho directo de billetes, olvidando que el verdadero sentido social de la economía no es sólo brindar la puntual atención a aquellos que difícilmente se valdrían por sí mismos, sino que es evitar que el ritmo económico decaiga y permita que todos, y especialmente los que más lo necesitan, puedan entrar en el juego del trabajo y en la “osada” pretensión de procurar ser dueños de sí mismos, alejándose en lo posible de la dependencia subsidiaria del estado para contribuir así a una tendencia natural hacia la mejora de las cosas. Es una risa pensar en cualquier otra opción alternativa, aquellas que es igual por donde las mires, donde el triste rostro que muestran no deja lugar a duda de que lo único que oculta es una vanidosa pretensión de poder, que a golpe de rollo barato de los salvadores del pueblo, los mesías socializadores alternativos, vendiendo salvar a los demás de las pretensiones depravadas de lucro, mantienen sumida a generaciones enteras en la más absoluta miseria, usurpándoles la libertad y la oportunidad para que cada individuo pueda mejorar por sí mismo su propia condición, contribuyendo así a afianzar la “riqueza social” que una buena inversión del capital económico y humano que aportan siempre genera.

Andybel dijo...

.-Cierto, el capitalismo puro y duro nos hace pensar que las ganancias rápidas y fáciles, es decir la cultura del pelotazo, no nos lleva a nada bueno a esta civilización occidental.

.-Siempre he estado de acuerdo con un capitalismo moderado, donde algunos servicios sociales siempre deben de estar en manos públicas, como la sanidad, la seguridad pública, etc.

.-Si queremos unas sociedades más igualitarias y más desarrolladas, no copiemos el modelo capitalista duro de Estados Unidos, donde si alguien no tiene recursos económicos suficientes, no tiene derecho a un servicio sanitario decente, por ejemplo.

.-Saludos desde Cosas y Casos.