AÑO VI

domingo, 6 de abril de 2008

«Con Internet las mentiras nunca mueren»

Aunque es larga, compensa leer y reflexionar sobre esta intervención del presidente de la Agencia Efe, Alex Grijelmo, en el Fórum Nueva Economía, el pasado jueves. Habla de los peligros de Internet en el ejercicio del periodismo. La copio y pego casi íntegra, para que quede constancia en la Red, en el post más largo desde que nació este blog:

«En las dos ocasiones anteriores en que comparecí en este mismo foro, hablé de Efe: de nuestros resultados positivos, de nuestros nuevos productos y de los proyectos que estamos cumpliendo. No voy a insistir, por tanto en cuestiones que ustedes ya conocen. Esta vez les pido que me permitan actuar sobre todo como un periodista preocupado por los problemas de su profesión. No quisiera ser ni un Pepito Grillo, ni un pesado que va explicando a los demás lo que tienen que hacer. Por tanto, todo cuanto diga pretende solamente abrir debates, más que cerrarlos. Y les pido que así tomen todas mis palabras.

¿Recuerdan la fábula del sapo y del agua hirviendo? Si ponemos a un sapo en un cazo de agua hirviendo, dará un salto para salir de ahí. Pero si lo depositamos en agua tibia y la vamos calentando, es posible que se cueza dentro del recipiente sin darse cuenta. A veces temo que la profesión periodística caiga en el papel del sapo en agua tibia, y que todos nos vayamos acostumbrando a un aumento progresivo del calor sin que se desaten nuestras alarmas.

Por eso intento alentar, cuando tengo la oportunidad, todo tipo de debates profesionales. No con el ánimo de sentar cátedra, ni mucho menos, pero sí con el empeño de que la discusión entre profesionales nos genere los anticuerpos suficientes como para defender los fundamentos deontológicos de nuestra profesión. Me he referido a los tradicionales problemas éticos del periodismo en libros, en conferencias y en artículos. No volveré sobre esas ideas, que ya están impresas. Pero sí haré un repaso de los nuevos conflictos profesionales que están surgiendo a nuestro alrededor por el efecto de las nuevas tecnologías.

La profesión periodística vive hoy en unas circunstancias diferentes que están afectando a las entrañas mismas de la responsabilidad profesional. Ha cambiado con mucha rapidez la manera de difundir la información y las opiniones; y no todos sus efectos han resultado inocuos. Así como la televisión creó --con el mero hecho de nacer-- unos problemas éticos diferentes de los que afrontaban los periodistas de los medios impresos o los radiofónicos, ahora me pregunto si los medios digitales --por el mero hecho de nacer, también-- entrañan unas dificultades igualmente singulares. Pretendo sostener aquí que muchos de los problemas éticos que siempre han afrontado los periodistas se han agrandado, merced a la cibernética. Y que, además, han aparecido problemas nuevos. Estamos tan deslumbrados con las ventajas curativas de Internet, que apenas reparamos en sus contraindicaciones. Los nuevos problemas éticos que vemos en la profesión periodística son, a mi juicio, los siguientes:

CUATRO PROBLEMAS AGRANDADOS
1.- Aumento descomunal en el poder de difusión de las mentiras.
2.- La facilidad para el plagio.
3.- La yuxtaposición ilegítima.
4.- Los retoques fotográficos.

TRES PROBLEMAS DE NUEVO CUÑO
1.- El anonimato.
2.- La desaparición del tiempo y el espacio.
3.- La información sin periodismo.

1) El poder de difusión de la mentira
El brasileño Malba Tahan (sobrenombre de Júlio César de Mello e Souza) escribió este brevísimo cuento que voy a leerles, al que llegué a través de un artículo de Paulo Coelho en el Suplemento Semanal del grupo Vocento:

“Destruir al prójimo”
”Una mujer insistió tanto en que su vecino era un ladrón que el muchacho acabó preso. Días después, descubrieron que era inocente; el muchacho fue puesto en libertad y decidió llevar a juicio a la mujer.
-Los comentarios no eran tan graves --dijo ella en la sala.
-De acuerdo --respondió el juez--. Hoy, cuando vuelva a casa, escriba todas las cosas malas que dijo del muchacho; después rompa el papel y tire los trozos por el camino. Mañana vuelva para oír la sentencia.
La mujer obedeció, y volvió al día siguiente. Y dijo el juez:
-La acusada será absuelta si me entrega los trozos de papel que ayer esparció por el camino. En caso contrario, será condenada a un año de prisión.
-¡Pero eso es imposible! ¡El viento ya se lo habrá llevado todo!, respondió ella.
-De la misma manera, señora, un simple comentario puede ser arrastrado por el viento, destruir el honor de un hombre, y luego ya es imposible reparar el mal que se ha hecho.
Y envió a la mujer a la cárcel”.
La difusión de la falsedad ya se consideraba algo muy grave en vida de Malba Tahan, que nació en 1895, cuando las mentiras sobre una persona podían correr, como mucho, apenas de boca en boca. Ahora circulan con un poder de difusión incontrolable, con la fuerza descomunal de ese inmenso acelerador de partículas que es Internet. Y siempre es imposible devolver a la vasija el agua que se ha derramado. Además los tribunales jamás podrán reparar el daño. Hace bien Malba Tahan en emplear el verbo al que acude. Dice: "Y luego ya es imposible reparar el mal que se ha hecho".

En efecto: emplea el verbo “reparar”. Y aquí reparar es imposible. Se puede reparar el cristal que alguien rompa con una piedra, mediante la colocación inmediata de otro. Se puede reparar el robo que uno sufre, con la reposición inmediata del dinero. Pero los daños de opinión o de información sobre las personas no se reparan nunca. Los tribunales pueden, eso sí, “compensar” al perjudicado. Sólo compensarle, y no siempre por completo. Un viejo principio periodístico obliga: todas las informaciones deben verificarse. Las que conciernan a la imagen o la intimidad de las personas no sólo deben verificarse, sino, una vez verificadas, replantearse desde una perspectiva ética.

Hace algunos meses, la agencia Efe sufrió un grave error. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acababa de proclamar en un estadio de Buenos Aires que el presidente George Bush es el de menor cociente intelectual de cuantos han gobernado Estados Unidos. Muchos medios difundieron estas palabras sin mayor comprobación. Los editores de Efe en Bogotá, donde se halla la mesa de edición para América Latina, pidieron a nuestros periodistas en Washington que verificaran si la información aportada por Chávez era cierta. Y así lo hicieron. Buscaron en Internet ese estudio y lo encontraron en una ciberpágina oficial del “Instituto Lovenstein” (www.lovenstein.org), que se autodefine como un centro de estudios con prestigiosos historiadores. Allí, en la sección de “informes”, aparecía aquél al que había aludido Chávez. El periodista dio por confirmada la noticia y difundió a todos los abonados los detalles de ese estudio.

Sin embargo, lo que dijo Chávez era falso, la ciberpágina era falsa, el instituto Lovenstein no existe y el informe entero constituía, por tanto, una falsedad también. Efe tardó apenas unas horas en descubrirlo y en anular la noticia a todos los efectos. Pero los hechos posteriores me hicieron recordar la fábula de la mujer y los papelitos: pese a esta anulación, decenas de medios digitales mantenían la noticia después, y algunos de papel incluso la publicaron al día siguiente. Por ello, Efe repitió la anulación unas horas más tarde. Ni siquiera eso provocó que todos los medios retirasen la información. Curiosamente, el falso estudio se había difundido antes, en el año 2001, en periódicos como The Guardian, el Bild, Pravda y otros diarios. Y ya entonces se denunció su falsedad.

Pero no estamos ante un caso aislado en la difusión de datos falsos extraídos de Internet. Muy recientemente, el pasado 3 de enero, la agencia France Presse difundía el siguiente teletipo: (ANULACION: "Me llegará el momento de liderar", afirma el hijo de Bhutto en Internet 07:21 A.M., 03 Enero 2008 ISLAMABAD, 3 Ene 2008 (AFP) –) Sírvanse ANULAR nuestra información Pakistán atentado- Bhutto-política-internet, transmitida el 2 de enero con el título "Me llegará el momento de liderar'", afirma el hijo de Bhutto en Internet. También anular por favor nuestra información de Londres del 1 de enero Pakistán-atentado-Bhutto, titulada El hijo de Benazir Bhutto ya tiene su club de fans en Internet. Ambas noticias contenían declaraciones inexactas difundidas en el portal de internet Facebook mediante una página que resultó ser falsa”.

Como ha dicho Patrick Boyle, de la Universidad de Maryland y creador de una ciberpágina sobre engaños virtuales, “el problema es que con Internet las mentiras nunca mueren”. Y además, añado ahora, siempre son irreparables. García Márquez ha tenido que soportar que una cursilada de texto atribuido a él circulara por todo el mundo como una despedida ante su muerte inminente. Miles de personas todavía lo toman por cierto.

Pero cuando se producen daños morales contra la persona o contra su imagen, ni siquiera una sentencia favorable a la víctima acaba con ellos en Internet. Las injurias permanecen ahora en sus inmensos archivos, esperando a ser activadas de nuevo. Entre otras razones, porque las sentencias no tienen carácter universal, en lo que en esta nueva era tecnológica entendemos ya por universal: No disponen de alcance cibernético ilimitado para contrarrestar los efectos del delito. Leyendo el trabajo del profesor de derecho de la información Teodoro González Ballesteros El derecho al olvido en la información,(Cuadernos de periodistas, abril de 2006), deducimos un problema ético muy interesante: ¿Cuándo deja una persona de ser ladrón, o de ser asesino?

“Hechos que en su día pudieron tener relevancia penal”, escribe González Ballesteros, “pueden carecer de interés informativo cuando, además de haber sido juzgados, o sobreseídos, ha pasado sobre ellos el manto del tiempo”. Un individuo puede cometer un robo y ser condenado por ello. Tras el tiempo que le corresponda en prisión, regresa a la libertad una vez pagada su pena. ¿Podemos seguir diciendo entonces que es un ladrón? ¿Sigue siendo un ladrón toda la vida? Seguramente nos responderemos que no; pero ¿aplicaremos el mismo criterio en el caso de un asesino? ¿Alguien que ha cumplido su pena por asesinato deja de ser un asesino? ¿Tenemos derecho los periodistas a recordar de alguien, cuando lo mencionamos en su nueva vida, que robó o que asesinó; cuando ya está libre y ha pagado por sus culpas?

Si esto nos plantea problemas de conciencia cuando se trata de acusaciones probadas, ¿cómo no pensar en lo tremendamente injusto de las calumnias o injurias que se propagan por la Red sin fecha de caducidad? ¿Cómo eliminar de su exposición a cualquier búsqueda informática una calumnia esparcida en su día por los siete cibermares? Y hoy más que nunca debemos permanecer en alerta ante ese gran poder de difusión de los medios, ante el hecho de que las mentiras nunca mueren en Internet. La mentira reaparece con búsquedas segmentadas, no se pierde nunca en el océano de datos del ciberespacio. Se pesca enseguida, incluso sin querer. Aún es posible encontrar en la Red muchas mentiras condenadas incluso por sentencias firmes.

2) El plagio
El plagio no es un mal de hoy en día, desde luego; pero las facilidades técnicas para cometerlo han crecido de manera exponencial. Una sola persona que reproduzca ilegítimamente en la Red determinada obra habrá causado un destrozo irreparable para su autor, porque ya se reproducirá sin solución de continuidad. Esto no les ocurre sólo a los músicos o a los escritores. También a los propios periodistas, que pueden encontrar sus reportajes publicados en ciberpáginas que no han pagado por ello ni a los informadores ni a sus empresas.

Conviene recordar lo que establece taxativamente el libro de estilo del Washington Post, concretamente en sus reglas de ética y en el punto 5: “La atribución del material de otros periódicos y de otros medios debe ser total. El plagio es uno de los pecados imperdonables del periodismo”. Algunos periodistas de hoy acuden a menudo a buscar en Internet cualquier dato, y después lo usan sin plantearse si la fuente era fiable. No sólo eso, sino que frecuentemente ni siquiera explican dónde obtuvieron la información. La agencia Efe despidió a principios del 2007 a una periodista que copió un reportaje de una de las páginas de la Wikipedia. El 12 de diciembre de 2007, Claude Erbsen, ex vicepresidente mundial de Associated Press, recordaba durante una conferencia en Oviedo que todavía hoy los grandes medios norteamericanos se ven en la obligación de despedir a periodistas que plagian.

Podemos preguntarnos además si Internet es una fuente fiable. Y debemos contestar que no. Internet constituye sólo un campo de pistas, de datos que debemos verificar. Ana Lucía Duque, directora de la escuela de periodismo del diario colombiano El Tiempo, ha señalado un efecto preocupante de lo que ha supuesto la Red para los periodistas: “Internet ha debilitado la disciplina de verificación y de investigación”. Se podría expresar también de otra forma: Internet está acabando con el saludable hábito periodístico de llamar por teléfono y de moverse de la silla.

3) La yuxtaposición ilegítima

La facilidad que nos da Internet para el acceso a millones de datos ofrece un riesgo más, que he denominado en otro lugar “la yuxtaposición ilegítima” (El estilo del periodista, Álex Grijelmo, Taurus, 1997). Este problema ético consiste en situar juntos algunos datos que, aun siendo ciertos, conducen a una conclusión falsa. Podemos describir semejante técnica tomando como ejemplo esta noticia imaginaria: “El cadáver de Francisco Martínez fue hallado ayer en una calle del polígono industrial Norte. /// Momentos antes, se había visto por ese lugar a su vecino Miguel Fernández, con el que mantenía viejas disputas por unas tierras”. En este ejemplo, los hechos ciertos pueden conducir a una conclusión falsa; o al menos, a una conclusión no comprobada.

La Red constituye un almacén descomunal de datos, que a menudo no guardan relación entre sí. Los lugares donde se hallan ubicados virtualmente pueden ser independientes, de modo que tales datos o hechos no han vivido nunca cercanos. Ni en la realidad ni en la interpretación de la realidad que se hiciera en su día. Sin embargo, una búsqueda segmentada consigue fácilmente vincular o acercar acontecimientos o datos que jamás estuvieron próximos. La posibilidad de relacionar hechos inconexos que nos ofrece ahora Internet acrecienta también el riesgo de caer en yuxtaposiciones ilegítimas. Y no sólo eso: aumenta el peligro de que esta técnica sirva para que el periodista construya por su cuenta la hipótesis y la explicite, confundiendo lo verosímil con la verdad; confundiendo relaciones ciertas con relaciones falsas. Un periodista que esté intentado establecer una vinculación entre dos personas puede verificar a través de la Red que ambas coincidieron en una determinada ciudad en una fecha concreta, o en una misma empresa, o que estudiaron en la misma universidad. Quizás esas dos personas ni se conozcan, pero la yuxtaposición ilegítima estará al alcance de quien desee aprovecharse de ella.

4) Los retoques fotográficos
Dentro de esos incumplimientos éticos que empiezan a rodearnos gracias a las nuevas tecnologías, me referiré a los retoques de ordenador en las fotografías periodísticas. La manipulación de las fotografías se practica desde hace decenios. Son famosas las supresiones de personajes incómodos en las fotos de la prensa soviética, o los retoques en las imágenes del encuentro entre Hitler y Franco en Hendaya. La herencia de esa técnica llegó hasta la democracia española. Un simple deslizamiento ético inicial ha servido de precedente para los abusos actuales. Comenzó en los periódicos cuando, por simples razones de diseño, se giraba la imagen del perfil de un personaje con el propósito de que mirase hacia el texto al que acompañaba, y no hacia el artículo de al lado. Algunos libros de estilo ya prohibieron esta práctica, que citaban expresamente, al advertir que eso podría abrir una puerta por la que se degenerase en alteraciones más graves. No era una alteración importante, básica; pero ya subía un grado la temperatura del cazo. Y ahora las alteraciones de mayor cuantía están aquí.

Es un secreto a voces que en algunas revistas muchas fotos de actrices, cantantes o presentadoras (en menor medida las de los hombres) se han retocado por ordenador, o que se han suprimido arrugas indeseadas y grosores tenidos por antiestéticos o poco comerciales... No sólo eso: también se han juntado en una misma imagen, que se presenta como correspondiente a un instante determinado, distintos fotogramas obtenidos en tiempos diferentes. Una publicación puede hacer ver que distintos personajes han estado juntos, aunque jamás hayan coincidido. Y así ha sucedido más de una vez.

También vemos a menudo que un futbolista sobre el que se rumorea cambio de equipo aparece con la camiseta de su posible nuevo club, aunque nunca se la haya puesto. Se abre así una interrogante previsible: ¿Acabará el lector desconfiando algún día del valor notarial de las fotos periodísticas y eso contaminará a todo el sistema? Otro tanto empieza a suceder con los vídeos. Internet también nos ha dado muchos ejemplos con la difusión de imágenes que, aun siendo ciertas, nos empiezan a parecer increíbles porque conocemos las capacidades técnicas de la digitalización. Y otras que, siendo falsas, parecen ciertas (recuérdese el montaje que hacía creer que el escaño del presidente del Gobierno había sido robado del Congreso por una ventana).

FENÓMENOS DE NUEVO CUÑO
Además de la ampliación de los efectos negativos causada por Internet y las nuevas tecnologías, estos mismos avances y la propia Red han generado problemas éticos específicos que no se daban en los periódicos impresos.

1) El anonimato
Quizá debemos preguntarnos si corremos peligro de destrozar algunos valores tan afanosamente conquistados a lo largo de la historia de la prensa. Uno de ellos fue siempre la lucha contra el anonimato. Las denuncias anónimas que llegan a un medio carecen por sí mismas de valor, si no se les añade una comprobación por un profesional del periodismo. Y las opiniones no valen nada si no se sabe quién las defiende. Ni siquiera el espacio de “cartas al director” en la prensa tradicional está exento de que el comunicante se identifique debidamente.

Mientras que en las páginas de papel existen procedimientos para conocer la identidad de un lector antes de admitir su texto, tengo la sensación de que algunos soportes digitales permiten sin embargo todo tipo de acusaciones sin el más mínimo intento de verificar siquiera la autoría, en los apartados de comentarios de los lectores. Esto no significa, por supuesto, que los procedimientos de verificación en la prensa tradicional sean infalibles; pero al menos suele existir la voluntad de evitar el anonimato. En un periódico se revisan las cartas y se censuran los insultos (incluso se corrigen las faltas de ortografía de los lectores) porque la publicación se considera a sí misma responsable jurídica de cuanto se publica. El mismo criterio ético debiera valer para una publicación periodística tradicional y una digital. Precisamente, los diarios digitales reclaman los mismos derechos que han venido ejerciendo sus colegas impresos (credenciales, atención de las fuentes oficiales, convocatoria a conferencias de prensa, publicidad institucional, etcétera). Lógico parece que deban asumir las mismas responsabilidades.

Con esta situación, los insultos más burdos se pueden publicar libremente en algunos cibermedios. Es posible que lo comprobemos dentro de unas horas, cuando estas palabras se reproduzcan en la Red. Los foros libres de Internet constituyen en estos momentos en España el único reducto donde las posiciones nazis, racistas o antidemocráticas en general encuentran un lugar para expresarse públicamente. Nadie admitiría un alegato fascista anónimo en su periódico impreso, pero no es difícil encontrarlo en un foro digital.

¿Es el anonimato un derecho? Según. Si sirve para facilitar una información que, una vez comprobada, se acaba publicando porque tiene interés público, sí. Pero los libros de estilo consideran que el derecho al anonimato no alcanza a las opiniones, y menos si enjuician a personas. El anonimato no debe amparar a quien injuria o calumnia en defensa de intereses --personales o de grupo-- que quedan ocultos. Esa supuesta libertad total atenta quizás contra la obligación constitucional de que la información difundida sea veraz; y contra otros derechos legítimos de orden superior. Atenta seguramente contra derechos como el de la intimidad, la dignidad y la propia imagen, a los que sólo en determinados supuestos puede superar el derecho de la información: por ejemplo, cuando la noticia sea de interés público. Insisto: “interés público”, que no es lo mismo que “curiosidad del público”.

2) La desaparición del tiempo y el espacio
¿Dónde hay una hemeroteca de medios digitales? Hoy en día es imposible recuperar los primeros números de la mayoría de los periódicos electrónicos: no quedaron registrados en ningún lugar. Internet ofrece el riesgo de perjudicar a alguien insultado porque quizás no desaparezca nunca el insulto; y también el de perjudicar a alguien insultado porque, al desaparecer intencionadamente el insulto, no podrá demostrar que ha sido injuriado. Una lamentable paradoja, ante la cual una persona inocente puede verse indefensa. La ausencia del concepto tiempo en Internet se agrava con la inexistencia de horarios. ¿En qué horario se encuentra un lector de América que entra en un ciberperiódico español? Algunos conceptos que se pueden manejar en televisión o en radio (la franja infantil, por ejemplo) carecen de sentido aquí; y un medio electrónico de acceso general puede ofrecer contenidos inadecuados a cualquier hora, ya sean de audio, vídeo, fotos o texto. Téngase en cuenta que los diarios digitales están incorporando multitud de vídeos; y que incluso los programas radiofónicos se siguen por Internet.

3) La información sin periodismo
Nos sentimos muy felices ante una expresión triunfante: “Periodismo ciudadano”. Pero me llama la atención que reparemos más en la palabra “ciudadano” que en el vocablo “periodismo”. Diferentes medios están promoviendo que cualquier ciudadano les envíe noticias, fotos, vídeos. Eso corresponde a la palabra “ciudadano”, sí. Pero la palabra “periodismo” implica el ejercicio de una profesión, en la cual tenemos unas obligaciones éticas como en cualquier otra. Periodismo equivale a verificación, jerarquización, evaluación, contraste de fuentes, capacidad de enmarcar una realidad, y de relacionarla con unos antecedentes o unas consecuencias, dar oportunidad de defenderse a quien resulte agredido. Y sobre todo, criterios éticos. No sentiría prevención hacia el “periodismo ciudadano” si los ciudadanos practicaran realmente el periodismo.

Pero, hoy por hoy, le veo muchos riesgos al periodismo ciudadano de publicación directa. Seguramente el “periodismo ciudadano” será un factor importantísimo para la sociedad si cumple las normas del periodismo; si sirve para mejorar la administración pública y denunciar las injusticias comprobadas. Pero podemos preguntarnos si vamos a asistir impasibles ante el hecho de que ninguna persona relevante en su ciudad pueda ya almorzar en un restaurante con una empresaria, con un economista, con un amigo, con una actriz..., o incluso con alguien desconocido, sin que la asedien potenciales periodistas espontáneos que la enfocan con su móvil, o con su videocámara, para extraer de ello aventuradas hipótesis. O si no vamos a comprobar ninguna denuncia, sabiendo como sabemos lo fácil que resulta ahora manipular en origen la foto, el vídeo o los hechos.

La autorregulación es la respuesta
Hasta aquí apenas unos casos representativos de cómo la fuerza de Internet y las nuevas tecnologías están cambiando, agravando, las consecuencias de nuestros actos. No tenemos todas las soluciones, pero sí tenemos todas las preguntas. Y aspiro a que las respuestas procedan de un debate sano entre periodistas y se plasmen siempre mediante procedimientos de autorregulación»...
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La intervención de Alex Grijelmo concluye hablando de los procedimientos de autorregulación en Efe y aporta datos sobre la agencia de noticias que preside.

6 comentarios :

Rancilio dijo...

Un artículo tan largo como interesante. Además de ser muy didáctico, ayuda a plantearse muchas cosas.

De todas formas, este texto está escrito desde la perspectiva de un profesional del periodismo que ve las cosas con un punto de vista que quizás debería contrastarse con otro tipo de profesionales y usuarios. Sería un tema para abrir una mesa redonda con representantes de diversos sectores.

Como un usuario precoz de internet mi punto de vista difiere un poco en algunas partes de la exposición.

Básicamente, soy de la opinión que no hay que limitar la posibilidad de que los ciudadanos proporcionen información (incluso de forma anónima). Lo que hay que hacer es educar a la nueva sociedad para que sepa identificar lo que realmente es válido. Además, una cosa es una labor periodística y otra muy distinta una conversación entre usuarios, de donde, por cierto, se puede obtener mucha información. Esta conversación está presente desde hace mucho tiempo en foros y chats y, hace unos años, en un formato más ordenado, en los blogs.

Nacho de la Fuente dijo...

El extenso artículo de Alex Grijelmo invita a reflexionar muchas cosas en las que tiene razón y otras en las que impera el sentido común. Soy periodista y ahora blogger y conozco bien el mundo real y el virtual. Su discurso cojea de un conocimiento más profundo de las impresionantes posibilidades de la Red que, no lo olvidemos, está gestionada y manipulada por humanos. Y donde hay humanos hay informaciones estupendas o nauseabundas. Culpar al medio es el error, porque se recurre al tópico de matar al mensajero. Muchos de los defectos de la Red están en los medios de papel, por ejemplo el anonimato, con cantidad de cartas al director falsas o columnas de opinión firmadas por seudónimos. Lo que digo me consta desde hace años. Al igual que el plagio entre los medios tradicionales, que casi nunca citan las fuentes por pura envidia o rivalidad empresarial.

Sucede igual con las noticias falsas o tendenciosas, por desgracia muy frecuentes en la Red y en el papel. Y es que echar pestes hacia el medio no es lo acertado. Habría que apostar por el final de la exposición de Alex Grijelmo, la autorregulación, algo que hacen estupendamente muchos medios tradicionales y muchas páginas web y blogs que realmente merecen la pena. Lo demás es basura, como en la vida real, y cada uno tendrá que mirar con lupa lo que compra en el kiosco, lo que ve en television, lo que oye en la radio y lo que lee en Internet. Simplemente.

Rancilio dijo...

Nacho, respecto a lo que dices, es algo de lo que he debatido en múltiples foros: ¿por qué la gente actúa de forma distinta en internet que en el mundo real?

Si voy al quiosco no compro un periódico o revista poco fiable o con determinadas tendencias que no me gustan. ¿Por qué entonces la gente lee y cree lo primero que ve escrito en internet? Muchos se quedan con el primer resultado que proporciona google como si fuese dogma de fé.

Si alguien viene por la puerta de mi casa pidiéndome mi número de tarjeta bancaria y su PIN no se lo doy, aunque venga disfrazado con colores corporativos de una entidad bancaria. ¿Por qué entonces la gente cae en la trampa del phishing?

Quizás no exista ningún problema y realmente ocurre en el mundo virtual lo mismo que en el real. Lo que pasa es que en el primero todo es más rápido, accesible y numeroso. Posiblemente estemos ante una cuestión únicamente de escala.

a.b.block dijo...

Bueno, yo creo que al periodismo le sucede algo que no deja de impregnar, empapar, envenenar el discurso de Grijelmo.

¿Por qué siempre están al puento los periodistas de asustarnos? Porque es lo que vende: baste enchufar la tv y ver un telediario. Creo que, como jueces y otros "trabajadores", los periodistas son arcángeles intocables, o eso creen. Y no es así.

La foto digital y el video y otras cosas (p.e.:los blogs) nos han descubierto al comun de los mortales los secretos de cocina de los mass-media. Y eso les molesta debido a que hay muchas cosas que muchos ahora podemos hacer y antes las veíamos con veneración y la distancia de la impenetrable torre de márfil.

Vaya, me interesa lo que plantea, pero no me gusta su tono corporativista. ¿Qué dan en una facultad de periodismo que tú o yo no tengamos ya? ¿No sabes redactar, no sabes distinguir una cosa de otra? El periodismo se fundo en Francia por escritores que no habían ido a una escuela de periodismo. Los propios periódicos eran la escuela de periodismo. Y, por ejemplo en un blog, la credibilidad y el buen hacer te lo da el día a día. Si publicas infundios, termina por hundirse el barco. El lector es el que regula el mercado, de la misma manera que el consumidor determina las ventas y el éxito o el fracaso de un producto. Y los media son producto, que las empresas de comunicación están para ganar dinero, y luego estará la ética.... bla bla bla.

Me pongo a escribir y no paro, ¿no? El tema tiene mucho interés.

un saludo

Pepito Pérez dijo...

Un simple apunte. Aquí pongo que me llamo Pepito Pérez, lo cual es falso, pero podría poner anónimo o Jesús de la Borbolla Fecunda, que también es falso. Digo esto porque el debate de los anónimos es absurdo, ya que lo que importa es lo que se diga y cómo se escriba.

Anónimo dijo...

Supongo que hablo como profesional de la enseñanza del español, y que por tanto mi perspectiva no es la de mero usuario de la lengua. Pero lo que está claro es que Alex Grijelmo, línea tras línea de sus libros, solo demuestra que entiende algo de español, como cualqueier otro nativo (a veces, peor), pero de cómo funciona el español (o una lengua, en general)no tiene ni idea. Lo suyo es más folclore que lingüística. Su Gramática Descomplicada, por ejemplo, es de una ingenuidad patética y de una vulgaridad que atonta. Siempe he tenido esta opinión, pero al caer en el blog Gramatrix-unplugged me confirmé con datos abrumadores en mis sospechas. Es demoledor y sarcástico, pero hace pensar:

http://gramatrix.blogspot.com/