AÑO VI

martes, 7 de agosto de 2007

Pies de plomo

Ayer volví a ver a mi pequeñajo eufórico dando sus primeros pasos, partiéndose de risa al verse independiente en sus movimientos, pletórico por avanzar apenas metro y medio. Sus piececitos brincaban eléctricos, volaban en esa distancia libres como pájaros. Sin ninguna atadura. No eran los pies de plomo que nos autoimponemos los adultos. Esos pies que todo lo miden. Cada paso, cada movimiento. En lo que dices, haces, opinas o gesticulas. Menos en el pensamiento, debemos meter mucho plomo en muchos momentos cada día. Lo que antaño eran piececitos revoltosos y juguetones, ahora se ven obligados a pisar con sumo cuidado. A estudiarlo todo para no dar el gran patinazo. Tanto en el trabajo como en la calle o en casa. Con los años noto que cada vez pesan más los pies. Será el plomo de la experiencia. O la prudencia. O el temor a caerse de bruces por no haber sabido estar. Y lo reconozco: escribo esto porque toca poner aún más plomo en los pies. Un centenar de motivos me obligan a ello.

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1 comentarios :

ghanito dijo...

Parabéns.
Que importan as mesquindades que ten a vida se ó chegar á casa atopas ó teu fillo dando os seus primeiros pasos?
Que é o fundamental e que é o accesorio?

E que teñas sorte ó tratar ca xente ruín que anda por aí!