AÑO VI

jueves, 21 de junio de 2007

ETA enseña sus afilados dientes

Mientras el consenso y unidad de los dos principales partidos ha sido una ilusión óptica de sólo unos días, se vuelven a usar sospechas y presunciones para cargar las armas políticas. Y todo cuando acabamos de saber que la banda asesina ya enseña sus afilados dientes. La Guardia Civil encontró este mediodía en Ayamonte (Huelva) un coche cargado con 100 kilos de explosivo. Ante la evidencia de un gran atentado inminente, ¿qué podemos esperar de nuestros políticos? ¿Un vergonzoso enfrentamiento frontal o un paso adelante de unidad y todos a una contra esa lacra asesina?

Cualquier cabeza inteligente optaría por lo segundo, pero la realidad, desgraciadamente, se inclinará por lo primero. Esta absurda guerra sólo es de ETA, única responsable de todo lo malo que pase. Por eso no está de más exigir ya un inmediato alto el fuego a ciertos políticos.

4 comentarios :

Plas dijo...

Plas, plas, plas.

migramundo dijo...

A falta de mejores noticias y comportamientos, ya es importante haber encontrado unos explosivos que no serán utilizados contra nada ni nadie. Saludos.

Luis dijo...

malditos terroristas...

Iam dijo...

Ni siquiera la nomenclatura barata que sirvió para endulzar la noticia de un atentado en la T4 era patrimonio intelectual de nuestro trilero locuaz, el que vende el plato frío de un atentado como un accidente imprevisto en la autopista de la paz, en esa línea ADSL precaria que siempre sube más de lo que baja. Más allá del horizonte patético de un nuevo atentado, los gudari invitan al bambi de acero a actuar con altura de miras, a superar el fino trato que el PP les dispensó y apostar abiertamente por la claudicación, por ese negocio redondo de la pacificación, por esa lección permanente de democracia y negociación, por esa “responsabilidad histórica que el momento requiere para no incurrir en el error de cerrar las puertas a una solución negociada y democrática del conflicto”, por esa nomenclatura que luego usa el trilero para seducir a la plebe mientras el tiempo transcurra sin alguna eventualidad letal, sin esa oportuna lección de fuerza que nos recuerda siempre de dónde proviene esta paz, sin otro lamentable accidente más, claro.