AÑO VI

viernes, 16 de marzo de 2007

El mundo al revés

Hay días en los que parece que el planeta gira en sentido contrario, todo va al revés. Días en los que los relojes giran marcha atrás, marcando nuestro retroceso. Digo esto por los disparates que vemos, leemos y escuchamos a menudo. Ayer mismo, entre tanto politiqueo agitador y tanto morbo por los sucesos, se colaron tres noticias que no dejan indiferente a nadie. Tres fogonazos informativos sobre situaciones absurdas en plena progresía del siglo XXI:

• Pisa el acelerador, machote. La Audiencia Provincial de Burgos ha absuelto a un hombre que fue condenado a seis meses de cárcel y dos años de retirada del carné de conducir por ir a 260 kilómetros por hora al considerar que su «conducta temeraria» no supuso un «peligro concreto» para ninguna persona. El tribunal estima que este conductor circulaba en su flamante Audi A8 en condiciones de «buena visibilidad y escasa circulación de vehículos» y que por ello no había problema en que pisase el acelerador. Una sentencia que pulveriza a la DGT y al sentido común. Y lo peor, sienta un peligroso precedente.

• Prohibido poner un cero. El Ministerio de Educación suprimirá el cero de las calificaciones escolares. La nota mínima para los alumnos de la ESO será el 1, aunque no contesten al examen o no pisen la clase en todo el curso. Absurda futura medida del Ejecutivo Zapatero que se pasa por el forro la disciplina y la responsabilidad del alumno. Cada Gobierno de turno siempre tiene la ocurrencia de darle la vuelta a todo el sistema educativo sin reconocer que cada vez va a peor. ¡Con lo bien que funcionaba el esquema EGB-BUP-COU! Un error el que se pierda el sonrojo de ver un cero redondo en las notas.

• Papá y mamá, ¡pagadme más! La Audiencia de Sevilla ha desestimado la petición de un joven de 22 años para que sus padres le suban la «paga» de 150 euros al mes, cantidad que la sentencia considera «proporcional, suficiente y generosa» teniendo en cuenta que el padre está en paro y cobra un subsidio de 700 euros mensuales. Lo absurdo no es la noticia, sino su joven protagonista, un hombrecito que pide a gritos que la vida le regale una cura de humildad.

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