AÑO VI

lunes, 12 de febrero de 2007

Morderse la lengua

Ayer por la tarde me pidieron que no cuente todo lo que sé, que no se me ocurra meter en el blog lo que voy oyendo por ahí. Tanto en despachos como en la calle. Pues claro que no. Sé diferenciar muy bien las lentejas del secreto profesional, separar el trigo de la paja, lo que se debe de lo que no se debe decir. Más de uno me ha pedido que no sea tan políticamente correcto, que huya de la neutralidad, que diga lo que realmente pienso y no me corte en soltarlo. Es un consejo de doble filo que puede dinamitar tu credibilidad. Una palmadita, un ¡venga hombre! seguido, por lo bajinis, de ¡a ver si te esnafras de una vez!

No, queridos lectores. Nunca lo haré. No diré todo lo que sé porque no soy un suicida. El morderse la lengua facilita que la puedas usar al día siguiente. Es el deporte nacional de todos los que trabajamos a la orden de y lo tenemos tan asumido que cada vez nos importa menos. Es el silencio de los corderos más maduros. Los que empiezan a estar de vuelta de todo. Será que madurar es sinónimo de meditar, pensar, endurecerse, sazonar, decidir, curtirse, cavilar, aguerrirse, granar, reflexionar...

«Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar» (Ernest Hemingway)

Imagen: Cartel de la película «El silencio de los corderos»

3 comentarios :

merce dijo...

Nacho, creo que tienes razón, aunque lo importante es que uno tenga la conciencia tranquila, haga lo que haga.

Ana dijo...

Regreso de diez días afuera y me encuentro con tu post de hoy. Lo de Hemingway hay que seguirlo al pie de la letra.

Saludos.

Noelia Jiménez dijo...

Mucha gente vale más por lo que calla que por lo que cuenta. Los periodistas, habitualmente, están entre ese tipo de gente. Aunque haya muchos que no lo entiendan. Peor para ellos.