AÑO VI

martes, 6 de febrero de 2007

Como marionetas

Flaco favor para la democracia el comprobar constantemente cómo la política mete la pezuña en la Justicia, cómo los miembros del Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial ocupan sus sillones a propuesta de los partidos políticos en función de los resultados de las urnas. Siempre se nos dice y repite que el poder Ejecutivo y Judicial son como el agua y el aceite. Juntos pero no revueltos. Pero la realidad informativa nos recuerda, una y otra vez, que es una utopía pensar en que realmente actúan separados. En cuanto colisionan unos con otros, suenan las alarmas y los centros de poder político y económico hablan con sus enviados especiales en determinados tribunales para poner el orden y concierto que a ellos les conviene. El interés general o la legalidad se aparcan en doble fila para dejar paso al autobús del «aquí estoy yo». No hablamos de ideologías, ni de izquierda o derecha, ni de conservadores o progresistas. No. Hablamos de rapiña por el poder. Con sus cambios de chaqueta incluidos. Ejemplos, por desgracia, abundan y sobran.

Una doble moral que causa repugnancia a muchos ciudadanos, impotentes al ver que algunos pilares del Estado de Derecho se compadrean o se odian cuando teóricamente deberían ser in-de-pen-dien-tes. Alguno dirá que esto siempre fue así, que no hay remedio y que también pasaba a principios de la democracia… Pues habrá que empezar a gritar para que esto cambie. Para que la mano política no corrija a la judicial. Y viceversa. Como marionetas.

3 comentarios :

montesquieu dijo...

La clásica división de poderes en el estado de derecho es básica para su correcto funcionamiento. Y una de las funciones de la justicia es garantizar los derechos de las minorías.
La LEY justa es el fundamento necesario para la vertebración de la sociedad democrática. Y tan necesario como la ley es su aplicación recta e independiente del poder ejecutivo.
- La justicia NO debe estar por encima del bien y del mal. Pero SI debe ser independiente del poder ejecutivo y del legislativo.
- Actualmente los más altos tribunales están constituidos por jueces que responden mecánicamente a los intereses partidistas.
Ergo: estos jueces no son independientes. Tenemos un grave problema en nuestro estado de derecho, la independencia del poder judicial no existe.

En los asuntos que están implicados los intereses partidista sería más justo que el fallo de TS o del TC se decidiera por sorteo.
Es una boutade, pero desgraciadamente responde a una realidad.

Félix Soria dijo...

Al margen de otras consideraciones y detalles mil, que es imposible abordar, cabe subrayar como algo sintomático esto: es comprensible que los políticos intenten influir en la Justicia, pero lo que es de todo punto aberrante es que los jueces y magistrados hagan política.
La salvaguarda de la independencia judicial son los jueces (aparte de las instituciones como tales), pero no cabe imputar a los políticos la obligación de proteger la asepsia judicial. Los políticos, como todo ciudadanmo, tienen derecho a opinar, presionar y patalear, lo realmente grave es que los jueces se dejen querer, ahagn arrumacos a los políticos, les apoyen, les perdonen, cierren los ojos o lo que sea.
El problema raíz está en los juzgados, audiencias y tribunales de más alto rango, no en la calle ni en las sedes de los partidos.

Nacho dijo...

Félix, no te falta razón. Al final del post escribo: «[...] Pues habrá que empezar a gritar para que esto cambie. Para que la mano política no corrija a la judicial. Y viceversa». Ahí marco, levemente, eso sí, que la rapiña por el poder es de doble sentido, y que afecta tanto a políticos como a jueces. Son humanos, y donde hay humanos siempre hay intereses.

Saludos.